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¿Por qué le tenemos tanto miedo a la vulnerabilidad?

Muchas de las personas que acuden a talleres de Comunicación No Violenta tienen la creencia de que la vulnerabilidad es negativa y que ser vulnerables nos hace débiles. Muchas de ellas también expresan que tienen miedo de su vulnerabilidad.

A mi esta idea me genera mucha tristeza. Porque creo que abrirnos a la vulnerabilidad realmente nos empodera, nos da herramientas y capacidades para vivir nuestra propia verdad. Y nos ayuda a acompañar la verdad de los otros. Poder para ver y reconocer que me esta pasando en este momento. Poder para nombrarlo. Poder para acompañarlo, y para dejarme acompañar. Poder para acompañar al otro en la apertura a su vulnerabilidad.

La Comunicación No Violenta nos habla de la conexión entre las personas, y con nosotras mismas. También nos habla de hacernos vulnerables, de abrirnos a nuestros sentimientos, a nuestra verdad, de observar y acompañar aquello a lo que le tenemos tanto miedo.

Y parece que sí.

Parece que hay miedo. Hoy en día prima la desconexión, prima el individualismo, prima el miedo a relacionarnos. Tenemos miedo a que se descubra nuestra verdad. Aquella que nos han hecho creer, y donde prevalece la idea de que no somos suficientes. No somos suficientemente buenas, ni suficientemente activas, ni suficientemente válidas.

Nos da miedo mostrar nuestra vulnerabilidad, nos da miedo mostrar nuestros verdaderos sentimientos Y así, vamos creando relaciones superfluas, donde no nos atrevemos a decir, donde no nos atrevemos a mostrarnos. Tenemos miedo al dolor, y lo bloqueamos, y nos cerramos a sentirlo. Y no somos conscientes que cuando nos cerramos a sentir, dejamos de sentirlo todo. Y desaparecen el miedo y el dolor, y desaparece la dicha, y desaparece el amor. Y nos convertimos en ineptos emocionales. Y nos perdemos la vida.

No somos conscientes de que revelar nuestra faceta humana y expresar la propia vulnerabilidad puede ayudarnos a resolver conflictos o situaciones de comunicación difíciles. Puede ayudarnos a creernos más, a confiarnos más, a querernos más.

Lo que nos mantiene desconectadas es nuestro miedo.

La vulnerabilidad, que aparece como algo negativo. Cuando lo que nos mantiene desconectados es nuestro miedo a no ser dignos, a no ser suficientes, a no ser lo que se espera de nosotras. Lo que nos mantiene desconectadas es nuestro miedo a no ser dignas de conexión.

Tenemos una mentalidad de vergüenza, donde no somos suficientes, estamos llenas de creencias negativas hacia la vida y hacia nosotras en general. La vergüenza no tiene nada que ver con quienes somos realmente, sino con las creencias negativas que vamos arrastrando. Todos nuestros juicios sobre nosotros mismos y sobre los demás son productos de nuestro condicionamiento. Nos creemos que somos así, que es parte de nuestra historia, y se nos olvida que la vergüenza no es algo que nos acompaña desde nuestro nacimiento. No nacimos con ella.

Para ser vulnerables es necesario sanar nuestra vergüenza. La vergüenza nos roba el poder y la claridad para enfrentar la incertidumbre de la vida y nos roba también la habilidad para vivir la vida con totalidad, coraje y alegría, de forma amplía y creativa. Trabajar con la vergüenza es doloroso, pero muchísimo más doloroso es vivir con ella enterrada en nuestro inconsciente.

Todas tenemos vergüenzas que sanar, todas tenemos necesidad de ser vistas con cariño, desde el corazón. Esta mirada es la que nos permite abrirnos a nuestra vulnerabilidad, la que nos da el coraje para vivir desde el amor. La suficiente compasión como para ser amables, con nosotras mismas, y luego con los otros. Ya que es importante reconocer que no podemos tratar a los demás con compasión si no nos tratamos así a nosotras mismas primero. Queremos ser capaces de renunciar a lo que debo ser o creo que debo ser para convertir en aquello que ya soy por naturaleza.

Abrirnos a la vulnerabilidad para poder mirarnos desde el corazón, para conectar con esta parte nuestra que tiene miedo, se siente sola, necesita amor. Y para acoger todo esto desde el cariño y el cuidado. Desde la apertura de corazón.

Aceptarla la vulnerabilidad, ya que esta es hermosa. Además de incómoda y dolorosa. Es el corazón de nuestra vergüenza y nuestro miedo, y nuestra lucha por la dignidad, y a la vez es el lugar de donde nace la creatividad, la dicha, el amor y la pertenencia.

Eres imperfecta, y también eres digna de amor y pertenencia. Déjate ver. Ama con todo tu corazón, aunque no haya garantías, conecta con tu dolor, y siéntelo. Y siente también la alegría.

 

 

 

 

 

 

 

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